
Concepciones antiguas de la tierra ¿plana o redonda?
EL ATLAS FARNESE
En 1575, se encontró en Roma esta figura de mármol de Atlas sosteniendo un globo celeste. Se le llama el Atlas Farnese, dado que ese es el nombre de la colección en la que se incluyó. Fue creada por el escultor Crates. No se conoce la fecha exacta de la escultura. Sin embargo, los estudiosos suponen que fue creada poco después del año 150 d. C. [29], por la representación del equinoccio vernal [de primavera] que se ve en el globo, y que es similar al de Almagesto de Ptolomeo. Para dar una idea del tamaño, la esfera tiene un diámetro de cerca de 25½ pulgadas (64.77 cms).
LA HISTORIA DE ERATÓSTENES Y LA CIRCUNFERENCIA DE LA TIERRA
El descubrimiento de que la Tierra es un mundo pequeño se realizó, como muchos descubrimientos humanos importantes, en el antiguo Cercano Oriente, en una época a la que algunos humanos llaman el siglo III a. C., en la más grande metrópolis del momento, la ciudad egipcia de Alejandría. Aquí vivió un hombre llamado Eratóstenes.
Fue astrónomo, historiador, geógrafo, filósofo, poeta, crítico de teatro y matemático… Fue también el director de la gran biblioteca de Alejandría, donde un día leyó en un libro de papiro que en el sureño puesto fronterizo de Siena… al medio día del 21 de junio, los palos verticales no producían sombras. En el solsticio de verano, el día más largo del año, las sombras de las columnas del templo se hacían más cortas. Al medio día, desaparecían. El sol estaba directamente encima.
Fue una observación que alguien más, fácilmente habría pasado por alto. Palos, sombras, reflejos en los pozos, la posición del sol —¿qué importancia posible podrían tener esos sencillos asuntos cotidianos? Pero Eratóstenes era un científico, y sus observaciones de estos lugares comunes cambiaron el mundo; en cierto modo, hicieron el mundo. A Eratóstenes se le ocurrió hacer un experimento: realmente observar si en Alejandría, palos verticales producían sombras cerca del medio día el 21 de junio. Y descubrió que sí.
Eratóstenes se preguntó cómo, en el mismo momento, un palo en Siena no podía producir sombra, y un palo en Alejandría, lejos en el norte, podía producir una sombra pronunciada. Piénsese en un mapa del antiguo Egipto, con dos palos verticales de igual longitud, uno puesto en Alejandría, y el otro en Siena. Suponga que, en cierto momento, ninguno de los dos palos produce sombra en absoluto. Esto es perfectamente fácil de entender —siempre y cuando la Tierra sea plana. El sol estaría entonces directamente encima. Si los dos palos produjeran sombras de la misma longitud, eso también tendría sentido con una Tierra plana: los rayos del Sol estarían inclinados en el mismo ángulo para los dos palos. Pero ¿cómo era posible que en el mismo instante no hubiera sombra en Siena y sí hubiera una sombra sustancial en Alejandría?
La única respuesta posible, que él vio, era que la superficie de la Tierra está curvada. No solamente eso: a mayor curvatura, mayor diferencia en las longitudes de las sombras. El sol está tan distante que sus rayos están paralelos cuando llegan a la Tierra. Palos colocados en ángulos diferentes a los rayos del Sol producen sombras de diferentes longitudes. Para la diferencia observada en longitudes de las sombras, la distancia entre Alejandría y Siena tenía que ser de cerca de siete grados a lo largo de la superficie de la Tierra; es decir, si uno se imagina los palos prolongándose hacia el centro de la Tierra, ellos se intersecarían allí en un ángulo de siete grados. Siete grados es algo así como un quinceavo de trescientos sesenta grados, la circunferencia total de la tierra. Eratóstenes sabía que la distancia entre Alejandría y Siena era aproximadamente de 800 kilómetros, porque él contrató a un hombre para que hiciera el recorrido a pie. Ochocientos kilómetros multiplicado por 50 da 40.000 kilómetros. Así que esa debe ser la circunferencia de la tierra.
Barinas 24/02/2009